El valor de las fuentes

Ejemplo de Acta (alrededor del año 1720)

Ejemplo de Acta (alrededor del año 1720)

El trabajo del genealogista se nutre en la mayoría (y más interesantes) de las oportunidades de la investigación primaria. Es decir, en la investigación directa sobre fuentes de información: consultar un acta de un registro civil, un libro de una parroquia, leer fechas en un panteón de un cementerio, dialogar con una persona que tuvo contacto directo con inmigrantes hace 60 años… Todas ellas son fuentes de información que enriquecen nuestra investigación y nos permiten encontrar eslabones en nuestra genealogía.

Ahora bien, cumplido el objetivo de tomar nota del dato que se estaba buscando, el genealogista no pierde de vista que es muy importante documentar el sitio de dónde se tomó esa información. Además de conocer el origen del dato almacenado, el tener documentada la fuente permitirá volver a consultar el mismo documento buscando alguna otra información de interés.

El trabajo se enriquece aún más si se puede tomar una copia del documento, en los casos que esto sea posible. Por ejemplo, si se trata de un acta de un registro civil, y no hay restricciones sobre el copiado, se puede tomar una fotografía con una cámara digital moderna (que tendrá la suficiente resolución para poder interpretar lo escrito). Si se trata de una charla con una persona, es útil recurrir a un grabador de audio (si los oradores están de acuerdo en que sus voces sean grabadas).

El software Genya permite construir una biblioteca de archivos multimedia que pueda servir de fuente a la información almacenada.


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